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Homilía de D.
Jaime Colomina Torner en el Seminario
Menor, el día 11 de octubre de 2007, memoria
del Beato José Sala
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Datos
biográficos
Nacido
en Pons (Lleida) el 24 - 6 -1888, diócesis
de Seo de Urgell. Familia muy cristiana. D.
José recordaba sobre todo a su padre que
murió en 1926, estando D. José en Toledo, y
no pudo asistir a su entierro. D José tenía
un tío paterno sacerdote en Andorra. A sus
9 años fue a vivir cierto tiempo con él. El
fue quien le dio una excelente educación y
pagó sus estudios más tarde en el Seminario.
Acabados los
estudios de Filosofía y Teología en el
Seminario de Seo de Urgell, fue ordenado
sacerdote el 15-4-1911. Tanto en su juventud
como en su madurez, se mostró siempre muy
piadoso y formal. Fue un buen dibujante
(siendo rector de este Seminario, ornamentó
un año el Monumento de Semana Santa,
resultando el mas artístico de Toledo)
Recién
ordenado, ejerció en su diócesis de Seo de
Urgell diversos cargos pastorales. Pero
pronto sintió la vocación a ejercitar sus
dotes pedagógicas en la formación de buenos
sacerdotes. Por eso, con el permiso de su
Obispo, el futuro cardenal Benlloc, que hizo
de él grandes elogios, ingresó en la
Hermandad de Operarios Diocesanos el
12-8-1914. Pasó 4 cursos en el Seminario de
Segovia, dejando un buen recuerdo, y para el
curso 1918-19 fue destinado a Toledo, al
llamado "Colegio de San José", que pocos
años más tarde, en 1923 quedó convertido en
el actual Seminario Menor de Santo Tomás de
Villanueva.
Para hablar de
su carácter, su modo de ser, citaré el
testimonio de varios sacerdotes, casi todos
fallecidos ya, y que yo he conocido: D.
Anastasio Granados; que murió siendo obispo
de Palencia, ensalza "la caridad casi
maternal de D. José sobre todo con los
seminaristas pequeños y más cuando estaban
enfermos." Ese talante caritativo y paternal
lo experimenté] yo. Una anécdota personal.
No obstante,
era riguroso en el cumplimiento del
Reglamento, pero a la vez abierto y
comprensivo. Un verdadero educador. Siendo
ya Rector del Seminario solía darnos él las
meditaciones adaptadas a nuestra psicología
de niños. Sigo citando a los sacerdotes que
siendo jóvenes seminaristas, o recién
ordenados, convivieron con él
El mismo Dr.
Granados : "Destacaba su espíritu de oración
y abnegación", "Era hombre de oración", "
con una piedad muy acendrada"
El entonces
diácono D. Antonio Vargas recordaba que,
cuando en febrero del 36 triunfó el Frente
Popular, D. José sintió angustia por lo que
se le venía a España, pero reaccionó "y como
rector se propuso animar a los profesores y
superiores, todos jóvenes para lo que
quedaba del curso 1935-36, confiando
vivamente en el Corazón de Jesús y sus
promesas sobre España".
D. Jaime
Flores que fue rector del Colegio Español de
Roma, cuando yo estudiaba allí, y era en
1936 Secretario de la Hermandad de Operarios
Diocesanos, decía de D. José: "era de
carácter más bien humilde. bondadoso ,
paternal, y que eludía las alabanzas o
primeros puestos". Predominaban en él "la
humildad, la sobriedad, el espíritu de
pobreza... La mayor característica, la
humilde bondad". Se hacía casi niño con
nosotros, los niños.
D. Guillermo
Valle, superior de este Seminario cuando yo
estudiaba, dice : "D. José era muy piadoso,
mortificado y exactísimo en el cumplimiento
del deber para sí y para los demás".
D. Casimiro
Sánchez Aliseda certifica: "lo que
sobresalía en D. José era la abnegación, la
pureza y el amor a sus súbditos".
D. Tomás
Torrente, que era Operario mayordomo o
administrador del Seminario, decía de D.
José : "Desempeñó sus cargos muy bien, con
prudencia y discreción y verdadero celo,
atendiendo a los seminaristas para los que
era como una madre, especialmente si estaban
enfermos".
D. Andrés
Verge, rector entonces del Seminario Mayor,
afirma : "Trataba con cada uno en particular
y conocía muy bien a sus discípulos y hasta
a sus familias... advertía, corregía,
alentaba a todos como madre cariñosa y
solícita... Parecía a veces adusto, pero
¡qué grande era su corazón! ... Esa grandeza
la experimenté más de una vez cuando uno
queda como agobiado, aplastado por la
contradicción, cuando se necesita la mano
del amigo, la palabra del hermano... Y eso
fue para mí muchas veces nuestro D. José"
Cito por
último a un sacerdote, aun venturosamente
vivo con más de 90 años, D. Victorio Garrido
sobre su humilde espíritu de obediencia :
"Llamaba la atención la gran docilidad que
mostraba D. José para con el rector del
Seminario Mayor, a quien de algún modo
consideraba superior suyo"
El martirio
Fue en las
primeras horas de la mañana del 23 de julio.
Después del triunfo del Frente popular en
febrero el odio a la Iglesia se respiraba en
las calles : insultos, blasfemias, amenazas,
cuando pasaba un sacerdote o incluso algún
seminarista niño, como yo. Los críos no
éramos del todo conscientes de eso; pero los
mayores presentían la catástrofe y el
martirio. El, citado D. Victorio dice que
"puedo afirmar de D. José que, cuando nos
hablaba a los mayores (él era diácono ya) en
las meditaciones sobre la vida de los
mártires con mucha unción, expresaba el
deseo de que Dios nos concediera esa
gracia".
El ya citado
D. Jaime Flores llegó a Toledo acompañando
al Superior general de la Hermandad, el
beato Pedro Ruiz de los Paños, el 16 de
julio por la noche. El 17 y 18 pudieron
constatar que casi no se podía salir a la
calle, al menos con sotana. El 19 supieron
que se había sublevado el ejército en África
y otros lugares de la península. El ambiente
callejero era de odio y guerra. El 21
Moscardó, gobernador militar de Toledo,
declara a las siete de la mañana el "estado
de guerra"; uniéndose a los sublevados.
Había concentrado ya en el alcázar fuerzas,
armas y vituallas para resistir unos días
temiendo el ataque de Madrid. Llegaron a
reunirse entre combatientes y familiares
unas 2.000 personas. Se encerraron y
aguardaron el ataque de las fuerzas de
Madrid, a las que resistieron en las
murallas durante la tarde121 y la mañana del
22. Ya al final de la tarde del 22
comenzaron las matanzas de sacerdotes y
laicos por las calles y plazas y en el
Tránsito. Durarán hasta el 24 de septiembre.
D. José, con
D. Pedro, D. Jaime y algún superior más que
aun no había marchado de Toledo
permanecieron el 22 hasta las 9 de la noche
en el Seminario, (animándose para el
martirio que veían ya casi seguro). Por eso
se dieron la comunión en forma de viático,
consumiendo todas las formas para evitar el
sacrilegio. Luego decidieron salir del
Seminario para evitar daños al edificio y a
las hermanas que lo atendían por parte de
los milicianos, si comprobaban que allí no
había ya curas. D. Jaime pudo viajar a
Madrid y se salvó. D. Pedro y D. José
buscaron refugio en casa de un amigo
maestro, que los aceptó, pero un vecino
radical se opuso a que entraran curas en ese
edificio. Entonces se refugiaron en casa del
sacerdote D. Álvaro Cepeda, calle Santa
Isabel, 22,cuya hermana los acogió..
Durmieron allí y a las 7,30 de la mañana,
cuando desayunaban, entraron los milicianos
en busca de D. Álvaro, llevándose a los tres
al saber que los otros eran también curas.
Se los
llevaron con los brazos en alto hacia la
calle de Santo Tomé. Según cruzaban una ''
de esas callejuelas comenzaron a discutir
los milicianos si sería mejor fusilarlos
allí mismo; pero un vecino, con cierta
autoridad en las izquierdas se opuso para
que no dejaran los cadáveres tirados en las
puertas. Entonces se dirigieron por Santo
Tomé y la calle del Angel hacia una antigua
fábrica de harinas convertida
provisionalmente en prisión, que estaba en
la calle de los Reyes Católicos. Allí les
dijeron que aquello estaba lleno, que fueran
a otra parte. Coincidió entonces que pasó un
coche en el que iba el Dr. Rivera, padre del
siervo de Dios José Rivera. Era médico y le
llevaba en un coche un jefe miliciano para
que atendiera a una parturienta en la vecina
Maternidad. Paró el coche, se bajó el
miliciano y dijo al conductor que llevara a
la Maternidad al médico. El habló con los
milicianos, se enteró de quienes eran los
tres presos, avanzaron hasta la entrada del
Paseo del Tránsito, y les dijo que no valía
la pena seguir adelante. Allí mismo, él y
los otros dispararon a quemarropa sobre los
tres mártires. Eran aproximadamente las
nueve de la mañana. |