Fernando Redondo Benito, miembro del secretariado diocesano de pastoral penitenciaria y mayordomo de finados de la toledana cofradía de la Sta. Caridad, ha recibido este jueves 24 de septiembre, en Ocaña, la Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario, pero ha querido situar desde el primer momento la distinción fuera de cualquier lectura individual, subrayando que la medalla también pertenece a los hombres privados de libertad de Ocaña I, a los funcionarios y profesionales que sostienen diariamente la vida penitenciaria, a la Pastoral Penitenciaria, a la Iglesia y a cuantos han hecho posible que su servicio dentro de la prisión sea, antes que una actividad, una forma concreta de encuentro.
“Esta Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario lleva un nombre, pero contiene muchas vidas. Está hecha también del trabajo silencioso de los funcionarios, de la entrega de los profesionales, de la fidelidad de los capellanes y voluntarios y, sobre todo, de los hermanos privados de libertad que nos permiten entrar en un territorio profundamente humano. Recibirla supone para mí una alegría, pero también una responsabilidad: recordar que detrás de cada muro sigue habiendo una persona que no puede ser reducida a una sola página de su biografía”. Así ha manifestado Redondo su agradecimiento por la concesión de esta distinción.
Una distinción también para la Archidiócesis y para el Sr. Arzobispo
La Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario tiene para Redondo un significado inseparable del trabajo desarrollado cada día por Instituciones Penitenciarias en España. Un servicio público complejo, exigente y muchas veces desconocido que no se limita a custodiar, sino que trabaja también para que la pena pueda convertirse en un tiempo de responsabilidad, educación, tratamiento y preparación para el regreso a la sociedad. Su gratitud alcanza de manera particular a la Archidiócesis de Toledo, donde ha encontrado, asegura, una Iglesia capaz de considerar la realidad penitenciaria como parte de su propia vida pastoral. “Me siento profundamente agradecido a mi Archidiócesis. La prisión no puede ser una periferia solo geográfica o social. También puede convertirse en una periferia de nuestra mirada” ha abundado el galardonado.
Especial reconocimiento ha dedicado al arzobispo de Toledo, monseñor Francisco Cerro Chaves, por su cercanía y presencia en el ámbito penitenciario.