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El Arzobispado colabora en el proyecto “Vivero Histórico” de la Real Fundación de Toledo

Archidiócesis de Toledo

Varios miembros del equipo de la delegación diocesana para el Cuidado de la Creación se daban cita, el pasado 9 de diciembre, en el Arzobispado de Toledo, con Eduardo Sánchez Butragueño, director general de la Real Fundación de Toledo. Se traba de conseguir unas ramas del tejo centenario ubicado en el patio de la institución, próximo al Salón de Concilios.

Se trata de una colaboración con el proyecto: “Vivero Histórico” que lidera la Real Fundación. Un proyecto cuyo objeto radica en reproducir árboles históricos de la ciudad de Toledo, entre los que se encuentra el famoso tejo del arzobispado. El objetivo es perpetuar estos monumentos del patrimonio natural mediante las técnicas de reproducción oportunas.

El Director de la Real Fundación manifestó su agradecimiento a todos los presentes por su colaboración y buen hacer en un proyecto que pretende fomentar, entre la ciudadanía, el conocimiento y la preservación de la riqueza botánica de la ciudad de Toledo, especialmente de las especies de carácter autóctono y que tenga un alto valor medioambiental por su significación histórica, edad, rareza o porte.

 

Colaboración de alumnos de la universidad de Castilla-La Mancha

La selección del material fue llevada a cabo por el profesor Santiago Sardinero, de la facultad de ciencias ambientales y bioquímica, de la universidad de Castilla-La Mancha.

Alumnos de esta facultad colaborarán en los trabajos de plantación de los esquejes y acondicionamiento en vivero para conseguir su enraizamiento y su viabilidad.

En representación del arzobispado, D. Juan Muñoz, Canciller Secretario-General, acompañó a los asistentes y manifestó su plena disponibilidad a colaborar con proyectos que salvaguarden nuestro patrimonio natural.

 

Tejo centenario en el interior del Arzobispado de Toledo

El tejo es un árbol perteneciente a las gimnospermas, de la familia de las taxáceas, grupo primitivo ampliamente difundido ya desde el Jurásico. Es propio de bosques tipo taiga y caducifolios templados, muy longevo – miles de años – y de crecimiento muy lento, por lo que al igual que el ciprés en la cultura mediterránea, se erigió en símbolo de la inmortalidad en la cultura celta.

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