Plan Pastoral Diocesano
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EPISCOPOLOGIO: Arzobispo Beato don Ciriaco María Sancha y Hervás (1898-1909)


Imagen de Arzobispo Beato don Ciriaco María Sancha y Hervás

El cardenal y arzobispo de Toledo don Ciriaco María Sáncha y Hervás nació en Quintana del Pidio (Burgos) el 18 de junio de 1833. Era hijo de Ambrosio Sancha Maestre y Baltasara Hervás Casas, humildes trabajadores del campo. Cuando Ciriaco tenía 10 años murió su madre. El 13 de septiembre de 1849 recibió el sacramento de la Confirmación de manos del obispo de Burgo de Osma. En 1852, con ayuda de preparación del párroco del pueblo de Peñalba de Castro, fue admitido al Seminario Santo Domingo de Guzmán en Osma realizando los estudios de preparación para el sacerdocio. Desde niño demostró mucha facilidad para el estudio, y durante los últimos años de Seminario en Osma, enseñó, a la vez que estudiaba, Latín, Catecismo, Historia y Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 27 de febrero de 1858 y, el 4 de marzo del mismo año, celebró la primera Misa cantada en su pueblo natal. En los primeros años sacerdotales manifestó facilidad tanto para las tareas pastorales parroquiales, como capacidad en el despacho de los asuntos de la curia diocesana y para la predicación. Completó sus estudios superiores en la Universidad de Salamanca.

En 1862 se trasladó a Cuba, como secretario del arzobispo don Primo Calvo y Lope, natural de Burgo de Osma que había sido nombrado arzobispo de Santiago de Cuba y que conocía a don Ciriaco desde seminarista y como sacerdote. Allí llevó a cabo una meritoria labor asistencial y de cuidado de ancianos desprotegidos y de niños abandonados.

Desde 1862 hasta 1875 fue secretario del arzobispado de Santiago de Cuba, en cuyo cargo, como también en el de canónigo penitenciario, que obtuvo en 1868, y en el de profesor de Moral, dio muestras de talento, actividad y celo. Se manifestó también lleno de caridad, organizador y firme defensor de los derechos de la Iglesia. A sus expensas abrió un asilo para pobres enfermos y, el 5 de agosto 1869, cumplió su sueño de fundar una Congregación de religiosas para el cuidado de huérfanos inválidos y desamparados: la Congregación de Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha, que en sus inicios se llamaron “Hermanas de los Pobres Inválidos y Niños Pobres”. Instituyó también otras asociaciones de señoras para la adoración del Santísimo Sacramento.

En 1873, habiendo fallecido repentinamente el arzobispo de Cuba, Mons. Primo Calvo y Lope, con ocasión del “cisma” provocado por el nombramiento anticanónico del sacerdote Pedro Llorente para el arzobispado de Cuba, de viva voz y por escrito sostuvo don Ciriaco la autoridad legítima del vicario capitular, don José Orberá y Carrión, compartiendo con él las persecuciones de los tribunales, la cárcel y otros muchos disgustos. Cuando en 1875 el cardenal don Juan Ignacio Moreno y Maisonave fue nombrado arzobispo de Toledo, pidió y obtuvo del Papa que un eclesiástico tan digno como don Ciriaco Sancha fuese nombrado su auxiliar; por ello fue preconizado obispo auxiliar de Toledo, y titular de Areópolis, el 28 de enero de 1876. Don Ciriaco Sancha y Hervás fue consagrado obispo en la Colegiata de san Isidro (Madrid) el 13 de marzo de 1876, añadiendo a su nombre de Ciriaco, el de María, para significar su devoción a la Madre de Dios. Siendo obispo auxiliar y, normalmente, residente en Madrid, fue designado consejero de Instrucción Pública, Superintendente de Religiosas en todo el Arzobispado, y nombrado confesor de la reina Mercedes y de los Infantes. Con su trato sencillo y el prestigio que le daba el haber defendido en Cuba los derechos de la Iglesia, se ganó fácilmente las simpatías generales en Madrid y, en concreto del rey Alfonso XII, siendo encargado por el Monarca durante algún tiempo como director espiritual de sus tres jóvenes hermanas. Así mismo trabajó para que Madrid fuera erigida como sede episcopal.

El 27 de marzo de 1882 fue nombrado obispo de Ávila, tomando solemnemente posesión de su diócesis en la Catedral el 29 de junio de 1882, solemnidad de San Pedro y San Pablo. Esta diócesis, que por espacio de seis años había sido regida por el obispo don Pedro José Sánchez Carrascosa y Carrión (1875-1882), privado del don de gobierno y más tarde también de sus facultades mentales, se encontraba en una situación sumamente deplorable en lo referente a la administración y a la disciplina. Don Ciriaco Mª Sancha reparó como pudo estos males, corrigió algunos abusos en el clero y fundó una nueva Congregación de monjas trapenses en Tiñosillos, la primera trapa femenina en España. Fue generoso con los pobres, y despertó con sus cartas pastorales el espíritu religioso de aquellos pueblos, bastante decaído. A principios de 1885, al tratarse de la erección de la diócesis de Madrid-Alcalá, la Santa Sede intentó por todos los medios que fuese confiada a don Ciriaco Sancha, pero se opuso el ministro de Fomento, Alejandro Pidal y Mon, que se sintió herido en su amor propio por el obispo de Ávila en una célebre pastoral suya y, más aún, porque como consecuencia de esta pastoral estallaron serios desórdenes en la Universidad Central de Madrid.

El año 1886, al quedar vacante la archidiócesis de Santiago de Compostela por el traslado a Toledo del cardenal don Miguel Payá y Rico, don Ciriaco Mª Sancha fue llamado a ocuparla mediante Real Decreto de 5 de abril de 1886; pero, considerando más conveniente que sucediese en Madrid-Alcalá al asesinado obispo don Narciso Martínez Izquierdo, accedió ante una simple indicación del Nuncio, y fue preconizado para esta importante sede en la capital de España el

10 de junio de 1886. El 8 de septiembre de 1886 hizo su entrada solemne en la Catedral, siendo el segundo obispo de Madrid. Dotado de talento fácil, doctrina, dócil a cualquier indicación de la Santa Sede, de intenciones sumamente rectas, de trato excelente y espíritu apostólico, llevó adelante numerosos proyectos pastorales, muchos de los cuales logró hacerlos realidad. Después de largas y complejas negociaciones, en seis años consiguió que las veinte parroquias con que contaba Madrid se elevasen a treinta, aunque disminuyendo el personal de las parroquias antiguas. Encontró solar para el nuevo Seminario de San Dámaso al que dio un nuevo impulso; se ocupó intensamente de mejorar la situación del clero, a cuyo fin obtuvo de la Santa Sede la disposición de que ningún sacerdote pudiera ir a Madrid desde otra diócesis sin el consentimiento de ambos prelados; puso en orden la administración de las capellanías, separando, con la colaboración del cardenal de Toledo, don Miguel Payá y Rico, las de la provincia de Madrid de las de la provincia de Toledo; hizo obligatorios durante algunos años los ejercicios espirituales al clero diocesano; organizó la exposición de regalos a León XIII con ocasión de su jubileo sacerdotal y la peregrinación española a Roma en 1888. A su iniciativa se debió también el I Congreso Católico Nacional, celebrado en Madrid, primero de una serie de seis y que consagró a don Ciriaco maría Sancha como el padre del movimiento católico en España, el gran organizador de las fuerzas católicas, las cuales estaban divididas por cuestiones políticas. A su generosidad se debió el sostenimiento del periódico El Movimiento Católico, organo de coordinación de los Congresos. En sus conclusiones afirmaba: “Que la justicia social sea norma de toda nuestra legislación y regla inalterable de la vida social”. Muchas asociaciones y obras de piedad, debidas a iniciativas particulares, se desarrollaron con su apoyo.

El de julio de 1892 era nombrado arzobispo de Valencia. Llegó a esta ciudad en momentos políticos muy difíciles porque en las elecciones de 1891 los republicanos habían conseguido escaños parlamentarios tanto en la circunscripción de Valencia como en la de Castellón. Muy pronto tuvo que enfrentarse con el anticlericalismo local. En noviembre de 1894 condenó La Antorcha Valentina, semanario republicano, fundado en 1887, que lanzaba frecuentes ataques a la religión y a la Iglesia. En 1893 organizó el I Congreso Eucarístico Nacional, la Asamblea Nacional de las Corporaciones Católicas Obreras y una gran peregrinación a Roma con 18.000 obreros para agradecer al papa León XIII la publicación de la Encíclica Rerum novarum. Su gran sensibilidad social le inspiró proyectos para fomentar la unión de los católicos divididos por cuestiones políticas; apoyó al jesuita, P. Antonio Vicent en la organización de los círculos obreros y sindicatos católicos. Durante su pontificado la Santa Sede erigió la Universidad Pontificia de Valencia, en 1896, con Facultades de Filosofía, Teología y Derecho Canónico, y creó las preceptorías de Latín, que surgieron como imperiosa necesidad para la mejor formación de los seminaristas ante la creación de dicha Universidad. Desde el curso 1896-1897 comenzaron a funcionar dieciséis de ellas, establecidas en otros tantos puntos clave de la ciudad y diócesis. Fundó estas instituciones con objeto de promover y facilitar el estudio de la Lengua Latina en esta archidiócesis y favorecer a los padres cuyos hijos tenían vocación al estado eclesiástico. Promovió también, como lo haría después en Toledo, la creación del Montepío del Clero valentino, de carácter cooperativo-benéfico.

El 18 de mayo de 1894 el papa León XIII lo crea cardenal de la Iglesia y le asigna el título presbiteral de San Pietro in Montorio.

El 24 de marzo de 1898 fue nombrado arzobispo de Toledo y Primado de España, lo cual llevaba aparejado también el nombramiento de Patriarca de las Indias Occidentales. Hizo su entrada solemne en Toledo el 5 de junio de 1898. Entre sus primeras medidas estuvo la reforma del Seminario Conciliar que encomendó a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos fundada por el Beato Manuel Domingo y Sol. Igualmente realizó la estructuración territorial diocesana, adecuada a la situación geográfica y demográfica, aprobando en 1900 el nuevo arreglo parroquial de la diócesis. En su pontificado toledano llevó a cabo una intensa labor pastoral y social entre los más necesitados, en tiempos de especial dificultad política. A él se le atribuyen también los primeros movimientos encaminados a la unidad de los católicos. A partir de 1889 inició la creación de escuelas gratuitas para obreros, orientadas para las diversas edades y situaciones (nocturnas). La importancia de esta iniciativa hizo conveniente la creación del Patronato de Escuelas Católicas de Toledo, con un concepto pedagógico de educación integral. Impulsó en Toledo el sindicalismo de inspiración católica y fomentó la creación de círculos católicos en distintas poblaciones. En marzo de 1904 se inauguró la Acción Católica Obrera de Talavera de la Reina, denominada Círculo Católico de Obreros. En enero de este mismo años se había empezado a publicar El Castellano, periódico católico surgido dentro del movimiento potenciado por las “Asambleas de la Buena Prensa” y que constituyó un fuerte medio de difusión de las iniciativas del cardenal y, en general, de las idéas de la doctrina social de la Iglesia.

En medio de su actividad pastoral mantuvo una fuerte polémica ideológica con el arzobispo de Sevilla, beato Marcelo Spinola, que la Santa Sede resolvió a favor de Sancha. En 1899, tras el desastre colonial del año anterior y en un ambiente de división política y de pesimismo en la nación, el cardenal Sancha publicó unos consejos para el clero toledano sobre la postura política de los sacerdotes y católicos ante la situación del país. Desde Sevilla, el canónigo magistral, José Roca y Ponsa, le contestó con unas observaciones críticas aprobadas por el arzobispo Spinola, que desataron una furiosa polémica. El asunto llegó a la Santa Sede, que mandó cortar la controversia y ordenó al arzobispo de Sevilla que prohibiera al canónigo Roca y Ponsa la difusión de sus folletos difamatorios contra Sancha. De su actuación como primado destaca la celebración, en 1907, de la primera Asamblea Plenaria del Episcopado.

Falleció en Toledo el 25 de febrero de 1909 y su cuerpo reposa actualmente como Beato, siendo muy venerado, en una urna de plata bajo la mesa del altar de la Capilla de San Pedro, antigua parroquia, en la Catedral Primada. Tras haber estado abierto el proceso de Canonización durante varios años, y ser declarado “Siervo de Dios” por el papa Benedicto XVI en 2006, el cardenal Sancha fue Beatificado el 18 de octubre de 2009 en la Catedral Primada de Toledo en el ámbito de una solemne Misa presidida por el cardenal Emmo. Mons. Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y Legado Pontificio, y concelebrada por el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza, los cardenales Antonio Cañizares Llovera, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Francisco Álvarez Martínez, arzobispo emérito de Toledo, Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid; Agustín García-Gasco, arzobispo emérito de Valencia, y más de 50 obispos.

La Catedral se llenó de miles de fieles que festejaron la subida a los altares de quien había sido su pastor diocesano. Desde la época visigoda no había sido declarada solemnemente por la Iglesia la santidad de un arzobispo de Toledo. Las Letras Apostólicas que se leyeron en dicho acto localificaban como “diligente e infatigable testigo de Cristo, padre de los pobres y servidor de la unidad de la Iglesia”. Su memoria litúrgica se celebra el 25 de febrero.

Cáritas Toledo
Delegación de Familia y Vida

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