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D. Enrique del Álamo - Foto: ArchiToledo

D. Enrique del Álamo: “En comunión, comenzaremos a trabajar el proceso sinodal”

JuanF Pacheco

D. Enrique del Álamo González (Madrid, 1982) fue ordenado sacerdote en el año 2006 y ejerce, desde el pasado 17 de junio, como vicario episcopal para laicos, familia y vida. Se trata de una de las dos nuevas vicarias personales que Mons. Francisco Cerro Chaves, arzobispo de Toledo, ha establecido desde que tomara posesión como Pastor diocesano. De esta manera, los laicos, la vida consagrada y los sacerdotes cuentan con una vicaría personal.

Ante la apertura diocesana del proceso sinodal de la Iglesia universal, que se celebrará, en la Catedral Primada, el próximo 17 de octubre, el vicario para laicos, familia y vida explica cómo será esta ceremonia, además de compartir sus vivencias y trabajo pastoral desde que el Arzobispo de Toledo confiara en él la recién estrenada vicaría episcopal.

 

Pregunta: ¿Cómo ha vivido el nombramiento como vicario para laicos, familia y vida? ¿Cómo se ha gestado este nombramiento?

Respuesta: Pues siendo sincero, el pasado 9 de junio, que celebraba mi cumpleaños, recibí una llamada del Arzobispado diciéndome que nuestro Arzobispo D. Francisco quería hablar conmigo al día siguiente. Te puedes imaginar todo lo que se te pasa por la cabeza en el mes de junio… a dónde me van a mandar, cómo me despido de la Parroquia, qué pereza hacer mudanza ahora y con ese “run run” pasé el día de mi cumpleaños.
Al día siguiente llego al Arzobispado con los nervios de a ver dónde me envían y ¡sorpresa!, me encuentro con este nombramiento. Reconozco que no me lo esperaba para nada, que me quedé muy sorprendido cuando me dieron la noticia; pero a la vez con mucha alegría y responsabilidad, con el deseo de aportar mi granito de arena a nuestra Iglesia de Toledo sirviendo en este amplio campo del apostolado seglar: Laicos, Familia y Vida.

 

El Arzobispo de Toledo y el Vicario Episcopal para Laicos, Familia y Vida, junto a la tumba del siervo de Dios, Antonio Rivera

 

P: ¿Qué supone para usted esta nueva encomienda?

R: Como decía antes, una gran responsabilidad y a la vez una gran alegría. Es verdad que desde hace años vengo trabajando en este sentido en la parroquia de Valmojado. Los que me conocen un poco, saben de mí que soy como una hormiguita, trabajando en silencio, sin llamar mucho la atención, pero siempre con responsabilidad, con entrega, con ilusión y esperanza… y así es como quiero seguir siendo y trabajando. Seguramente que cambiarán muchas cosas, nuevas tareas, nuevas obligaciones, nuevas responsabilidades; pero quiero vivirlas siempre desde ese espíritu que me caracteriza.

 

P: ¿Cuáles son los cometidos que desarrollará? ¿Y cuál es el deseo de don Francisco Cerro en este ámbito?

R: Se trata de una vicaria de nueva implantación en nuestra archidiócesis, en la cual nuestro arzobispo tiene puestas muchas esperanzas y ha sido deseo expreso suyo el nombramiento de un vicario episcopal de Laicos Familia y Vida.
El deseo de nuestro arzobispo no es otro que la figura del vicario sirva para “aglutinar y potenciar” el trabajo común en los campos más importantes del apostolado seglar de la archidiócesis. Para nada esta figura anula el trabajo de las delegaciones, todo lo contrario, lo que se pretende es potenciar y cuidar la comunión y la coordinación, palabras claves en mi vida sacerdotal.

 

 

 

P: El próximo domingo, 17 de octubre, la Iglesia diocesana está convocada en la Catedral Primada para dar comienzo la fase diocesana del proceso sinodal que toda la Iglesia universal celebra. ¿Qué aspectos subrayaría de esta celebración diocesana?

Efectivamente, el próximo domingo, a las 6 de la tarde, abriremos la fase diocesana de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. La celebración dará comienzo, como indica el propio don Francisco Cerro, con una invitación profunda y sincera a la “conversión, reparación por los pecados y purificación que requiere este tiempo de gracia y renovación interior, y que realizaremos en un especial acto penitencial de la Misa”.

De igual manera, durante la ceremonia tendrá lugar el envío de toda la comunidad diocesana a trabajar en este proceso sinodal en comunión. De ahí que, al finalizar la celebración eucarística, se entregará a cada parroquia una vela, para que presida todas las reuniones sinodales en cada una de las demarcaciones parroquiales de nuestra archidiócesis, como signo de comunión.

 

P: ¿Qué otros aspectos se podrían resaltar de la Misa del próximo 17 de octubre que presidirá don Francisco Cerro?

R: La celebración dará comienzo en la capilla bautismal del templo primado, donde se realizará un especial acto penitencial con la proclamación del credo. Seguidamente, mientras se entonan las letanías de los santos, comenzará la procesión hacia el altar mayor.

Durante esta parte de liturgia penitencial, se realizarán una serie de peticiones de perdón por los pecados de la Iglesia universal y de la Iglesia diocesana. Se trata de un momento de purificación para comenzar el Sínodo al que estamos convocados por el Papa Francisco.

Será Misa votiva del Espíritu Santo y se proclamará el evangelio de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35). Tras la homilía de nuestro Arzobispo, se llevará a cabo un “acto oracional” en el que se irán intercalando cantos de invocación al Espíritu Santo y oraciones elaboradas por distintos santos; mientras tanto un representante de cada uno de los arciprestazgos de la archidiócesis se acercarán al presbiterio para encender las vela que representarán la presencia de cada una de las parroquias que conforman la Iglesia diocesana de Toledo.

Tras la ceremonia, se solicitará que cada una de las parroquias se acerque a retirar la vela que representa a su parroquia para que esta vela sirva de signo de comunión y presida cada una de las reuniones sinodales que se celebren en las parroquias.

 

D. Enrique del Álamo, en Guadalupe, con la cruz de la JMJ

 

P: ¿Cuáles serán los pasos a seguir a partir de ahora, tras el envío que realizará don Francisco Cerro en la misa del próximo domingo?

R: Sería recomendable que en cada parroquia o en cada comunidad cristiana se forme uno o varios grupos de personas que sean representativos de la Iglesia en ese lugar. El objetivo es que esos grupos estén formados por personas más comprometidas en el día a día de la comunidad, personas que participan esporádicamente y también personas que, siendo bautizadas, se sienten alejadas o marginadas de la vida de la Iglesia.

Esos grupos, dirigidos por un responsable, podrán concretar la periodicidad con la que celebrarán sus reuniones, que se dedicarán a dialogar sobre el documento de trabajo propuesto por la secretaría general del Sínodo. Al finalizar la tarea encomendada, es preciso que elaboren una síntesis de las aportaciones que quieren realizar y la envíen al equipo de referencia en la archidiócesis, a quien corresponderá preparar un documento final que se remitirá al equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española a nivel nacional y, desde ahí, a la Secretaría del Sínodo en Roma.

 

P: ¿Cuáles son sus preocupaciones y sus proyectos para esta vicaría de nueva implantación?

R: Creo que es pronto de hablar de cometidos, de preocupaciones, de proyectos. Toda nueva encomienda, desde mi punto de vista, hemos de empezarla desde la escucha, el dialogo y con actitud de aprender. Nadie nace con todo aprendido, nuestro camino de seguimiento de Jesús es siempre un camino de aprendizaje. Sé que tengo mucho que aprender de los laicos de nuestra archidiócesis. Ellos y ellas son un auténtico tesoro.
Cuando me puse en contacto con ellos para presentarme como nuevo vicario de Laicos Familia y Vida les decía que había dos palabras: sinodalidad y discernimiento, que sin lugar a dudas marcaron el Congreso Nacional de Laicos. Estos dos términos han de estar muy presentes en nuestra tarea y deben ser el espíritu o el estilo para dinamizar el apostolado seglar en los próximos años.

 

 

 

P:  ¿Cuál es la “radiografía” que realizaría a la vida pastoral de las familias y laicos en la archidiócesis de Toledo?

R: Con la experiencia que me da el haber trabajado durante estos últimos siete años en la parroquia de Valmojado, puedo decir que una de las grandes riquezas que tiene nuestra archidiócesis de Toledo, junto al clero y la vida consagrada, es la presencia comprometida y evangelizadora de sus laicos. ¿Qué sería de nuestras parroquias sin ese “ejército” incontable de hombres y mujeres que se dejan su vida por hacer presente a Jesús en medio de sus ambientes? Hombres y mujeres sencillos, enamorados de Jesucristo que no entienden su vida sin Él. Contamos con una gran cantidad de trabajadores profesionales y voluntarios que intentan vivir su fe desde la entrega generosa de sus vida; incontables familias preocupadas por la educación en la fe y en los valores del Evangelio para sus hijos, etc. Nuestros niños, adolescentes y jóvenes que desean seguir creciendo y robusteciéndose, llenos de sabiduría y con la gracia de Dios en ellos. Este es nuestro tesoro, al que hemos de aprender a cuidar y servir.

 

P: ¿Su mensaje para toda la realidad laical y para todas las familias de la archidiócesis?

R: “Soñemos juntos”. Recordemos todas las palabras que el Papa Francisco les decía a los jóvenes y, a través de ellos, a todos los que formamos la familia de la Iglesia, en el nº 166 de la exhortación apostólica Christus Vivit:
«A veces toda la energía, los sueños y el entusiasmo de la juventud se debilitan por la tentación de encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros problemas, sentimientos heridos, lamentos y comodidades. No dejes que eso te ocurra, porque te volverás viejo por dentro, y antes de tiempo. Cada edad tiene su hermosura, y a la juventud no pueden faltarle la utopía comunitaria, la capacidad de soñar unidos, los grandes horizontes que miramos juntos».

No son tiempos fáciles, pero debemos sentir el impulso del Espíritu Santo que nos llama a seguir adelante con alegría y con esperanza. El motor de la evangelización es la alegría, el optimismo, el entusiasmo, la esperanza… que tiene su fundamento en la alegría de Cristo y siempre es una alegría misionera.
Por eso animo e invito principalmente al laicado a vivir un sueño, el sueño misionero de llegar a todas las personas, de un laicado en acción, que sea Pueblo de Dios en Salida. No perdamos la capacidad de seguir soñando juntos.

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