José Antonio Ayuso Lozoya (Marjaliza, 2007) cursa el primer año de formación en el Seminario Mayor “San Ildefonso”; se trata del curso propedéutico, cuya finalidad es la introducción en el itinerario formativo, además de profundizar en el discernimiento vocacional. No obstante, este joven marjaliceño conoce la vida de comunidad en el Seminario porque realizado sus estudios de Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato en el Seminario Menor “Santo Tomás de Villanueva”. Con motivo del Día del Seminario presenta su vocación y su experiencia durante estos primeros meses de pertenencia a la comunidad del Seminario Mayor.
.- Pregunta: ¿Cómo tuvo lugar tu llamada para entrar al Seminario y cuáles son las realidades que te han ayudado en tu proceso vocacional?
.- Respuesta: Mi vocación se fragua, sobre todo, una vez que ya he entrado al seminario; al seminario menor, en este caso. Ahí es cuando verdaderamente supe y discerní cuál era mi vocación. Para eso está también el seminario: para discernir, además de para formarte.
Es decir, no por entrar al seminario, tanto al menor como al mayor, ya vas a ser sacerdote. Entrar al seminario significa que hay un indicio hacia esa vocación, que percibes que el Señor te ha llamado; pero luego, a lo mejor, no era eso y era otra cosa distinta. Aun así, tenías que pasar por el seminario por diversos motivos que no siempre se conocen.
Las realidades que más me han ayudado han sido, sobre todo, ayudar como monaguillo en mi parroquia y el coro parroquial. Es decir, el coro, las oraciones que hacíamos los viernes en mi parroquia —que son de jóvenes—, así como el campamento y las convivencias de Navidad, han sido también elementos que, antes de que yo entrara al seminario, me fueron curtiendo y formando hasta que me di cuenta de cuál era mi vocación.

.- P: ¿Cómo fue la reacción de tu familia al conocer tu deseo de ingresar en el Seminario?
Pues mi vocación en mi familia, desde que yo entré a ser monaguillo después de hacer la comunión, mi abuela y mi madre me decían: “tú vas a ir al seminario, vas a ser sacerdote”, y cosas así. Y yo no sabía ni lo que era el seminario ni nada, y me enfadaba con ellas y les decía que no, que yo lo hacía solo por ayudar al sacerdote, que estaba solo, y ya está.
Pero luego, cuando después de hacer la confirmación dije que quería ir al seminario, ya fue distinto. Se lo tomaron mejor, la verdad; ya se lo veían venir, seguramente. Lo veían venir y no se lo tomaron a mal. Me dijeron: “mira, si es lo que el Señor quiere para ti y lo tienes tan claro, pues adelante”. Porque a una madre siempre le cuesta entregarle a un hijo al Señor. A mi madre le costó.
Ella, durante el primer año, cada domingo cuando venían a verme al seminario, me preguntaba: “¿pero tú estás bien?, ¿seguro que es tu lugar?, ¿seguro que te quieres quedar?, ¿no te quieres venir?”. Y yo le decía: “pues sí, yo estoy a gusto y me gusta”. Pero luego, por la noche, ya solo en la habitación, me acordaba muchísimo de mi familia y pensaba: “¿Y si no es mi lugar?”. Y al día siguiente empezaba de nuevo, y seguía contento. En definitiva, soy feliz en el seminario.

P: ¿Y cómo tomaron esta decisión desde el entorno de amigos?
R: Pues la verdad es que mis amigos sabían que ya empezaban los estudios de bachillerato y que era muy probable que yo me fuera a otro sitio, pero, cuando les dije que me iba al seminario, algunos se lo esperaban y otros tal vez no. Aun así, en general se lo tomaron bien.
P: ¿Qué significa, en tu proceso vital, este primer curso de formación, el año de Propedéutico?
R: Yo lo veo como un curso necesario; o sea, un período imprescindible para alguien que va a comenzar el seminario mayor. Lo veo también como un curso de transición. En mi caso, venía de segundo de bachillerato, después de hacer la prueba de acceso a la universidad, y claro, vienes cargado de estrés, sin saber con claridad si realmente es tu vocación; porque en segundo de bachillerato tampoco tienes tiempo suficiente para ver de verdad si es tu camino o no lo es. En resumen, lo considero como un tiempo necesario para “desmundanizarnos”, por así decirlo, y de acostumbrarnos a la vida del seminario.
P: ¿Qué aspectos de la entrega sacerdotal consideras más necesarios durante este tiempo de formación?
R: Para mí, el aspecto más importante es llevar las almas que el Señor nos ha confiado al cielo, llevarlas a Él y acercar al Señor a todo el mundo. Creo que pastorear, es decir, pastorear un rebaño y guiarlo —al igual que llevamos a las ovejas al buen pasto para que coman y se sacien de la buena comida y beban del buen agua—, significa también llevar a las almas a saciar esa sed que tienen, a aliviar ese dolor que hoy en día el mundo provoca.
P: ¿Qué es lo que más te ilusiona de tu futuro sacerdocio?
R: Una de las cosas que más me ilusiona es poder bendecir a la gente; es algo que anhelo profundamente. Además, otra de las cosas que deseo es compartir ese sacerdocio con quienes ahora son mis amigos. Compartir el mismo sacerdocio de Cristo con ellos me parece algo muy bonito.
P: Tus palabras para los jóvenes que lean esta entrevista
R: La primero que diría es algo que me ayudó mucho, y que me dijo mi párroco: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Y lo segundo es una cita del Evangelio, de Juan 15,16: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros”.
Cuando uno se da cuenta de que el Señor le está llamando, que no se encierre en dudas como “¿qué tengo que hacer?”, “¿me gusta o no?”. Si el Señor te ha llamado, ve; porque es Él quien te ha elegido a ti, no tú a Él, sino Él a ti.