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Mons. Francisco Cerro durante la homilía - Foto: ArchiToledo

Mons. Cerro: “El cardenal Álvarez vivió con esa sencillez y humildad que tienen las almas grandes”

JuanF Pacheco

La Catedral Primada ha acogido esta mañana la celebración exequial por el eterno descanso del arzobispo emérito de Toledo, Cardenal D. Francisco Álvarez Martínez.

La ceremonia ha sido presidida por el arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro Chaves, quien ha estado acompañado por el presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Barcelona, cardenal D. Juan José Omeya; además del cardenal Osoro, arzobispo de Madrid; el cardenal de Valencia, D. Antonio Cañizares y el cardenal D. Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid. Junto a ellos, han participado un nutrido grupo de arzobispos y obispos, entre los que también se encontraba el arzobispo emérito de Toledo, Mons. Braulio Rodríguez Plaza. Igualmente, un numeroso grupo de sacerdotes han concelebrado en esta ceremonia fúnebre.

La ceremonia exequial daba comienzo a las 12 de la mañana en la capilla arzobispal de la Inmaculada, lugar donde se encontraba la capilla ardiente del fallecido cardenal. Desde allí el cortejo fúnebre se ha trasladado hasta el templo primado para la concelebración eucarística.

 

Agradecimientos especiales

Mons. Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo y Primado de España, ha comenzado la homilía saludando a los concelebrantes, haciendo especial hincapié en el saludo “a los sacerdotes ordenados por don Francisco, los sacerdotes de esta archidiócesis y los de otras diócesis por donde él pasó”.

El Primado ha recordado, igualmente, de manera efusiva a los miembros del Instituto Secular “Ignis Ardens”, quienes han atendido al cardenal Álvarez hasta el último momento de su vida.

 

Concelebración eucarística por el eterno descanso de D. Francisco Álvarez frente al altar mayor del templo primado – Foto: ArchiToledo

 

Tres claves, tres salmos que resumen la vida del cardenal Álvarez Martínez

Mons. Cerro ha centrado su reflexión en tres claves “que ha recogido la preciosa carta que ha escrito el Papa Francisco y que resume lo que, para el Papa, es la vida de un Pastor bueno que entrega la vida por las ovejas”.

La primera de las claves que ha subrayado don Francisco Cerro ha sido “el salmo del Buen Pastor”. En palabras del arzobispo de Toledo: “Si don Francisco Álvarez tuviese que dirigirse a nosotros indicaría esto El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar”.

“Probablemente tendría momentos difíciles y complicados en su vida, como los tenemos todos” ha abundado Mons. Cerro. Y ha querido enfatizar lo siguiente: “Si tuviéramos que resumir su vida, sería con las palabras del Salmo: la bondad y la fidelidad del Señor me han acompañado todos los días de mi vida”. En este sentido ha indicado: “Toda su vida estuvo fraguada en esa bondad y misericordia del Señor. Su vida es una auténtica manifestación del amor de Dios, una auténtica epifanía”

La segunda clave es el salmo 50: “Él vive este texto del rey David (…) Fue un obispo abnegado y fiel como dice el Papa Francisco”. El Arzobispo de Toledo, igualmente, ha subrayado que “su vida episcopal ha sido vivida desde la misericordia de Dios“.

La tercera y última clave es el salmo 130 porque en palabras del arzobispo de Toledo, el cardenal Álvarez destacó por “su gran trabajo para con los pobres, como fue su trabajo para la rehabilitación de drogadictos con el Hogar 2000 de Cáritas y su trabajo por la nueva evangelización”. La vida de D. Francisco Álvarez es también como el salmo: “Mi corazón no es ambicioso ni mi ojos altaneros”.

En este sentido, Mons. Cerro ha expuesto que “le tocó un papel muy difícil porque fue, nada más ni nada menos, que sucesor del cardenal don Marcelo. Y lo hizo muy bien, con mucha dignidad“. “Procuró estar a la altura de los momentos que le pedía la Iglesia, el Señor y la historia y vivió con esa sencillez y humildad que tienen las almas grandes” ha abundado el Primado.

 

Vista general del presbiterio durante la celebración exequial – Foto: ArchiToledo

 

Enterrado en la capilla de la Descensión

Entre las últimas voluntades del cardenal Álvarez se recoge su voluntad de ser enterrado en la capilla de la Descensión de la Virgen María. Su féretro, junto a arquetas con los restos mortales de sus padres y hermana, ha sido depositado en este lugar tan emblemático de la Catedral Primada; lugar donde, según la tradición, san Ildefonso recibe el regalo de una casulla de manos de la Virgen María.

El cortejo hacia la capilla de enterramiento ha contado con la presencia de un grupo de miembros de caballeros del Santo Sepulcro y de miembros de la Hermandad de la Santa Caridad.

“Él ha querido esperar la resurrección, en la Catedral Primada, a los pies del altar de la Virgen María, nuestra Madre“. Así lo ha indicado Mons. Francisco Cerro.

La ceremonia de sepultura ha finalizado con la inhumación del ataúd con el cuerpo del cardenal Álvarez en la capilla de la Descensión. Posteriormente los obispos concelebrantes han introducido tierra en el sepulcro del que fuera el 118 arzobispo de la sede primada de España.

 

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