El arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro Chaves, ha celebrado un retiro cuaresmal en el Centro Penitenciario Ocaña I, en una jornada vivida desde la oración, la escucha del Evangelio, la reflexión compartida y la celebración de la Eucaristía. Internos del centro, funcionarios y responsables de la acción pastoral penitenciaria participaron en este encuentro, desarrollado con hondura espiritual y con una especial intensidad en pleno tiempo de Cuaresma. La iniciativa ha sido organizada por el secretariado diocesano de Pastoral Penitenciaria, dentro de las actividades que desarrolla de manera estable en el ámbito penitenciario.
Junto al arzobispo de Toledo estuvo presente el responsable de la Pastoral Penitenciaria, D. Jesús Guzmán Pedraza, así como Fernando Redondo Benito, Mayordomo de Finados de la Antigua, Ilustre y Real Cofradía de la Santa Caridad, cuya participación volvió a poner de relieve el compromiso concreto de la Cofradía con la Pastoral Penitenciaria y con los proyectos que viene desarrollando junto a Instituciones Penitenciarias y, de manera particular, con el Centro Penitenciario Ocaña I.
La parábola del Hijo Pródigo como telón de fondo
El retiro tuvo como eje espiritual la parábola del Hijo Pródigo, una de las páginas más conmovedoras del Evangelio y, al mismo tiempo, una de las más elocuentes en el contexto penitenciario. A partir de ella, Mons. Francisco Cerro Chaves invitó a los presentes a contemplar el rostro del Padre que espera, que no humilla, que no se cansa de aguardar y que sale al encuentro para devolver la dignidad al hijo que regresa. En una prisión, esta palabra resplandece con una fuerza singular, porque recuerda que siempre existe camino de retorno, posibilidad de reconciliación y horizonte de vida nueva.
El Arzobispo de Toledo vivió la jornada con una cercanía muy valorada por los participantes. Acompañó las reflexiones, compartió tiempo con los internos y mostró, con sencillez y hondura pastoral, que la Iglesia no contempla la realidad penitenciaria desde la distancia, sino que entra en ella, la escucha y la acompaña. También la participación de los funcionarios del centro contribuyó a crear un clima de respeto, recogimiento y humanidad que marcó toda la jornada. En ese ambiente, la Cuaresma dejó de ser solo una referencia litúrgica para convertirse en una experiencia concreta de revisión interior, de escucha y de esperanza compartida.
La celebración de la Eucaristía puso el broche al retiro, recogiendo ante el altar las inquietudes, los silencios, los deseos de recomenzar y la búsqueda interior de quienes participaron en el encuentro.